Anoche no fui al concierto de Dudamel, pero, si fui al Kennedy Center

DUDAMEL NO RACCIONA

Anoche se presentaron en el Kennedy Center de Washington la Orquesta Filarmónica de Los Angeles y su director Gustavo Dudamel. Dudamel es un talento musical venezolano quien ha decidido apoyar al régimen represivo y dictatorial de Hugo Chávez, primero, y de Nicolás Maduro después, a fin de obtener dinero para el proyecto de El Sistema, el cual es financiado por el régimen (unos $150 millones en el año) y es manejado por Dudamel y su fundador, José Antonio Abreu.

 

Durante las últimas semanas la represión del regimen venezolano se ha acentuado, mientras Dudamel sigue haciendo música y guardando silencio frente a la tragedia venezolana. El dice ser un artista y tener una misión de proteger al Sistema, el cual coloca, en orden de importancia, por encima de la tragedia social y política venezolana.
Anoche me fuí al Kennedy Center, pero no al concierto, sino a distribuír panfletos en contra de Dudamel.
Éramos cinco personas en esa tarea, a quienes no identificaré por si acaso, en tres grupitos, sin ponernos previamente de acuerdo. El panfleto que mi trio preparó mostraba las heridas de los manifestantes a manos de la Guardia Nacional de Venezuela. Y decía que la Sinfonía #1 de John Corigliano, a ser interpretada esa noche, hablaba de una tragedia universal, el SIDA, mientras Dudamel guardaba silencio frente a la tragedia de su país. Lo distribuímos a la salida del Metro de Foggy Bottom, a quienes iban al concierto y en el Kennedy Center propiamente, en las manos de quienes se interesaban por conocer la situación venezolana. No hicimos ruido, no molestamos a nadie, no irrespetamos a nadie. Solo una persona le volteó la espalda a uno de nosotros, diciéndole : “Ya yo contribuí”, pensando que le íbamos a pedir dinero.
Me llamó la atención que alguna de la gente estaba allí con boletos regalados. Tres personas me dijeron que tenían boletos gratis. Una joven que trabaja en la boletería me ofreció uno cuando ya me iba del sitio en el autobús que lleva a la estación del Metro, pero yo no quise aceptarlo. Uno no puede nadar entre dos aguas. Desde que era niño aprendí a amar la música clásica y este era un evento de alta calidad musical. Pero me negué a entrar. Es el precio que hay que pagar por ser fiel a los principios. Y es un precio muy bajo, al compararlo con el precio que están pagando los amantes de la democracia en Venezuela.
Si convencí a una sola persona que vió el panfleto, me doy por satisfecho.
Anoche no fuí al concierto de Dudamel en el Kennnedy Center. Fuí a protestar en su contra. Como decía el protagonista de “Canaima”, novela de Gallegos que leí en mi adolescencia: “Se es o no se es”.

 

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