EL GENOCIDIO DE RUANDA (LA PRENSA OFICIAL, LA IGLESIA LA ONU) INCITARON, PARTICIPARON Y OTROS CALLARON

Discurso de Incitación al Odio o la Violencia – Ruanda

Screen Shot 2014-03-29 at 12.06.04 AM

El presentador radiofónico keniano Joshua Arap Sang es acusado de haber incitado a la violencia étnica en su programa radial.

En mayo de 2000, un periodista belga, Georges Ruggiu, que colaboraba con Radio Television Libre de las Mil Colinas (RTLM por sus siglas en francés) en Ruanda, fue declarado culpable por incitar asesinatos durante el genocidio de 1994. Al momento de escribir esta colaboración, otros tres periodistas en Ruanda también enfrentaban cargos de genocidio en el Tribunal Criminal Internacional para Ruanda. Este es un caso de prédica a favor del odio o la violencia en su máxima expresión.

El papel del RTLM en el genocidio de Ruanda ha sido muy discutido. Pero, qué tan relevante es para los administradores electorales tratar de enfrentar el problema de las prédicas a favor del odio o la violencia en una campaña electoral?.

El primer punto a notar es que el RTLM no era una estación de radio ordinaria que cubría las posiciones extremas de otros. Era un instrumento de los extremistas Hutu que planearon e instigaron el asesinato masivo de Tutsis. De ahí que no sea un asunto directamente relevante para efectos de la cobertura de campañas, donde se pueden hacer afirmaciones extremas y luego difundirlas a través de los medios noticiosos.

En segundo lugar, el RTLM jugó dos funciones totalmente distintas en distintos momentos de su existencia. En sus primeros meses, hasta el inicio del genocidio de abril de 1994, difundió de manera divertida y sutil propaganda anti-Tutsi. (la evidencia de que era divertida es que la guerrillas Tutsi del Frente Patriótico de Ruanda preferían escuchar al RTLM en vez de su propia estación de radio).

Pero una vez que se inició el genocidio, cambió el carácter de las transmisiones de la RTLM. Empezó a dar detalles de aquellos que debían ser acosados y asesinados – al punto de ofrecer descripciones individuales y número de placas de automóviles. Esto no era tanto prédica a favor del odio o la violencia como un involucramiento directo en los asesinatos. No está totalmente claro porque se alegaba la culpabilidad de Ruggiu ante el Tribunal Internacional, pero es probable que se trate más de su involucramiento directo que de un caso de prédica a favor del odio o la violencia.

En tercer lugar, el genocidio de Ruanda fue, por supuesto, único en su género y es muy poco probable que sus circunstancias se repitan en algún otro lugar. Sin embargo, la participación de la estación de radio en el genocidio reporta una lección importante. En 1989, el gobierno de Ruanda se embarcó con reticencias en un proceso de democratización por presiones internacionales. Una de las muchas reformas institucionales que no llevó a cabo fue la referida al sistema de radio y televisión. De ahí que no hubiera estaciones subvencionadas públicamente que reflejaran las opiniones de las distintas comunidades -a cambio operó la virulenta estación pro-Hutu Radio Ruanda.

No existió un proceso independiente y transparente para otorgar autorizaciones a las estaciones privadas. La única estación privada fue RTLM, con su propaganda a favor del genocidio. Por supuesto, la reforma del sistema de radio y televisión no hubiera detenido el genocidio. Pero la existencia de distintos puntos de vista al aire hubiera ayudado a neutralizar el efecto de RTLM y radio Ruanda. Esta es la lección más útil de Ruanda para los administradores de elecciones y los propietarios de medios electrónicos en cualquier otro lado.

Screen Shot 2014-03-29 at 12.13.10 AMScreen Shot 2014-03-29 at 12.04.35 AMScreen Shot 2014-03-29 at 12.18.16 AMScreen Shot 2014-03-29 at 12.27.19 AM

http://www.canalntn24.com/node/126613

Las Víctimas

Screen Shot 2014-03-28 at 11.30.07 PMScreen Shot 2014-03-28 at 11.31.09 PM

Huérfanos en Kigali.

Probablemente, nunca se sabrá cuántos muertos provocó. Se calculan entre 500.000 y 1.000.000. Si fueron 800.000 equivaldrían al 11 por ciento del total de la población y 80% de los tutsis que vivían en el país. Además el genocidio y conflicto civil provocó el exilio de dos millones de ruandeses en el entonces Zaire, 480.000 en Tanzania, 200.000 en Burundi y 10.000 en Uganda, junto a más de un millón de desplazados internos. Tampoco se sabe cuántas víctimas ha provocado la venganza tutsi. Aunque se habla del “otro genocidio”, parece que no es en absoluto comparable.

Los 100 días que no conmovieron al mundo

El papel de la religión

Screen Shot 2014-03-28 at 11.47.51 PM

LA IGLESIA CATOLICA GENOCIDIO EN RUANDA

Screen Shot 2014-03-28 at 11.53.38 PM Screen Shot 2014-03-28 at 11.54.11 PM Screen Shot 2014-03-28 at 11.54.53 PM

Ruanda es un país mayoritariamente católico (65% católico, 15% protestante). El involucramiento de la religión en la política contingente de Ruanda se evidencia en que el obispo de Kigali (capital del país), Vincent Nsengiyumva era miembro del comité central del partido único del presidente Habyanmana, el NRMD (movimiento revolucionario nacional para el desarrollo, por sus siglas en inglés). Aun a pesar de la enorme presencia religiosa un alto número de ruandeses no vaciló en participar en el genocidio demostrando así el fracaso la superficialidad de su educación cristiana.

Cuando las masacres comenzaron en 1994, muchos tutsi y disidentes hutus buscaron refugio en las iglesias. Sin embargo esto facilitó la labor de la interaharnwe (patrullas de la muerte del gobierno y el ejército) que sabía dónde encontrarlos.

En un duro mensaje conocido el 20 de marzo de 1996, el Papa Juan Pablo II admitió oficialmente que decenas de sacerdotes, religiosos y monjas de las etnias rivales participaron activamente en las matanzas consumadas en Ruanda. “Todos los miembros de la Iglesia que pecaron durante el genocidio deben tener el coraje de hacerle frente a las consecuencias de los actos cometidos contra Dios y la humanidad”, dijo en un tono marcadamente severo. Sin embargo añadió que “la Iglesia como tal no puede ser responsabilizada por las faltas de sus miembros, que han actuado en contra de la ley evangélica por la que serán llamados a dar cuenta de sus acciones”.

El padre Wenceslas Munyeshyaka es un ejemplo. Figura líder en la catedral de Kigali, escapó a Francia con ayuda de sacerdotes franceses pero fue posteriormente acusado de genocidio por haber aportado listas de civiles a la interahamwe y por la violación de jóvenes refugiadas. Según narra Paul Rusesabagina, el padre Wenceslas Munyeshyaka solía referirse a su propia madre tutsi como cucaracha. Estos hechos no impidieron que el padre Wenceslas retomase sus actividades pastorales en Francia, con acuerdo del clero francés, hasta que fue finalmente arrestado.

En 2006, el ex sacerdote Athanase Seromba fue condenado a 15 años de prisión por el Tribunal Penal Internacional para Rwanda por su papel en la masacre de 2.000 tutsis. La corte escuchó que Seromba atrajo a los tutsis a la iglesia, donde creían que encontrarían refugio. Cuando llegaron, ordenó excavadoras para aplastar a los refugiados dentro y milicias hutu para matar a los supervivientes.

Un médico practicante en el Hospital Adventista Mugonero y en ese entonces pastor adventista, Elizaphan Ntakirutimana de 78 años, y su hijo Gerard, fueron condenados a 10 y 25 años de prisión, respectivamente, por el Tribunal Penal Internacional por su complicidad en el genocidio. Ray Dabrowski, director de Comunicación, en la sede mundial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día declaró: “Reconocemos con tristeza que algunos de los miembros de nuestra iglesia se volvieron contra sus compañeros y vecinos. Nos entristece que el acusado no actuara en armonía con los principios de su iglesia. Ofrecemos una disculpa”.

Un tribunal de Porvoo en Finlandia condenó a cadena perpetua a al hoy ex pastor de la Iglesia Bautista de Ruanda, Francois Bazaramba, de 59 años, por participar en el genocidio en el municipio ruandés de Nyakizu entre abril y mayo de 1994 al ordenar o instigar el asesinato de al menos cinco personas de etnia tutsi. También fue el organizador de varios ataques perpetrados por miembros de la etnia hutu contra la población tutsi que causaron la muerte de numerosas personas y la destrucción de sus propiedades, según el tribunal. La investigación policial del caso duró más de dos años, durante los cuales agentes finlandeses visitaron Ruanda en varias ocasiones e interrogaron a más de un centenar de testigos.

Jean Bosco Uwinkindi era pastor de la Iglesia Pentecostal en 1994 en la iglesia evangélica de Kanzenze, en la prefectura de Kigali Rural, está acusado de cooperar con el Movimiento Republicano Nacional para la Democracia y el Desarrollo (MRND), una milicia anti tutsi. Cerca de su templo se encontraron unos dos mil cadáveres y se cree que fue complice y organizador del asesinato también de hutus moderados.

En Bélgica, un tribunal de crímenes de guerra sentenció a dos monjas como cómplices de asesinato por su participación en el genocidio de Ruanda, ocurrido hace siete años. la monja Gertrude Mukangango recibió una pena de 15 años por su intervención en la matanza de 7.000 personas que buscaban refugio en su convento, en el sur del país. Por su parte, la religiosa María Kisito Mukabutera fue sentenciada a 12 años de cárcel por el mismo cargo. Varios sobrevivientes de la matanza contaron ante el tribunal cómo las dos monjas entregaron a miles de personas que buscaban refugio en su convento. Además, las religiosas suministraron latas de combustible a las milicias hutus, que incendiaron un garage que albergaba a unas 500 personas.

la ONG “Derechos Africanos” da los detalles de las actividades de un numero de obispos anglicanos que se juntaron en la Parroquia de Shyogwe en Gitarama durante el genocidio. Samuel Musabyimana, el obispo anterior de la diócesis, ha sido acusado por dos pastores anglicanos y varios amigos anteriores de haber traicionado a los Tutsis que vinieron a él por protección. A la mayor parte de ellos los devolvió a los brazos de la milicia que esperaba en las barricadas cercanas. Los pocos que aceptó ocultar eran Tutsis educados. El 6 de mayo, se informa, trajo la milicia a sus escondites, luego conminó a los milicianos a llevar a los refugiados en sus furgonetas y darles muerte en otro lado. Human Right informa que, lejos de condenar el intento de exterminio de los tutsis, el arzobispo Augustin Nshamihigo y el obispo Jonathan Ruhumuliza, ambos de la Iglesia Anglicana, actuando como voceros del gobierno genocida en una conferencia de prensa en Nairobi, al igual que muchos otros trataron de explicar la masacre atribuyendo la culpa por el genocidio en el RPF ya que había “atacado a Ruanda”. Los periodistas extranjeros estaban tan disgustados con esta presentación que salieron de la conferencia.

Según sobrevivientes, el Obispo Aaron Ruhumuliza, jefe de la Iglesia Metodista Libre en Gikondo, Kigali, ayudó a la milicia a realizar una matanza en su propia iglesia el 9 de abril de 1994. Michel Twagirayesu, el Presidente de la Iglesia Presbiteriana de Rwanda y vicepresidente anterior del consejo mundial de iglesias es acusado de haber trabajado estrechamente con los asesinos en la fortaleza Presbiteriana de Kirinda, Kibuye, traicionando a sus feligreses y camaradas del clero por igual. Aún estos hombres, contra quien es hay tal evidencia irresistible, permanecen inmunes de la justicia.

El obispo católico de Gikongoro, Monseñor Augustin Misago, también fue acusado de participar en el genocidio. Primero por haber solicitado al Vaticano en junio de 1994 que se llevase a los sacerdotes tutsi del país porque en Ruanda ya no se les quería y por hechos como lo ocurrido el 4 de mayo de 1994, en que el obispo se presentó junto con la policía ante un grupo de 90 niños tutsi que se encontraban retenidos, el obispo les dijo que no se preocupasen porque la policía los cuidaría. Tres días después la policía colaboró en la masacre de 82 de estos niños. Finalmente Misago fue absuelto de todos los cargos en el año 2000.

Mientras tanto, cientos de hombres, mujeres y niños, miembros de estas iglesias, han sido acusados desde ofensas menores a participación activa en relación al genocidio, permanecen en las prisiones atestadas de Rwanda.

Sin embargo, Human Rights Watch también informa de otros que fueron mártires por defender a las víctimas del genocidio. Hubo mártires católicos como Fr. Georges Gashugi, Fr. Vjeko Curic y Sor. Felicitas Niyitegeka, más la plenitud de los miembros del Camino Neocatecumenal que se negaron a participar en los asesinatos o a entregar a sus hermanos, resultando varios de ellos mártires. Los musulmanes exitosamente defendieron los barrios musulmanes negándose a entregar a sus hermanos tutsi, en ninguna mesquita hubo masacres como en los templos cristianos, ningún imán fue condenado por compicidad en el genocidio, y hasta se cree que el repentino crecimiento del Islam en 10 años se debe en parte a esta realidad. También los testigos de Jehová actuaron de modo consecuente, resultando unos 500 muertos al negarse a matar o al descubrirse que ocultaban a sus hermanos tutsi, fueron especialmente perseguidos por el régimen al negarse a portar armas y participar en las ceremonias de adoctrinamiento colectivo. Lamentáblemente todos estos casos resultaron una excepción respecto al total de la población.

Cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s