.@petitdacosta La solicitud de revocatorio sería una delación colaboracionista

En 2004 la solicitud de revocatorio fue una ingenuidad. En 2016 sería una delación colaboracionista. Veamos porqué.
Durante mucho tiempo el voto fue público. El elector lo declaraba ante el funcionario electoral, firmando el libro respectivo. Desde luego, el que votaba contra el gobierno sufría las represalias. Hasta la cárcel. Como sucede en Cuba. Para evitárselas al elector se estableció el voto secreto. Es una conquista democrática, que sirve de antídoto contra la coacción y la persecución. Al voto secreto lo complementa la inmunidad parlamentaria que protege al diputado electo, quien sirve de vocero a sus electores. Desde el momento de su elección se tramitan a través suyo todas las iniciativas. Por este motivo las constituciones de América, siguiendo el modelo de Estados Unidos, la primera en la historia, consagran el juicio político contra el Presidente de la República, a cargo del Congreso o Asamblea, en cuyo seno los diputados representan a los ciudadanos.
El caso de Venezuela es diferente. Estamos sometidos a un gobierno títere de Cuba. Somos un país sojuzgado bajo una tiranía comunista. Toda tiranía busca identificar a los que están en contra suya. Aún más una tiranía comunista. Para ello recurre a la delación. Durante la anterior dictadura (1948-1958) se usaba la tortura para obtenerla. Al preso se le aplicaba electricidad, se lo apaleaba, se lo guindaba de los testículos, se lo montaba en un ring o se lo ponía al borde la muerte por hambre, para que delatara a los compañeros de su célula o dirección. Para dificultar la delación nos conocíamos por seudónimos. De este modo el que sucumbía a la tortura no podía identificarnos correctamente, ya que sólo se sabía el seudónimo. Todo este mecanismo de defensa y seguridad funcionó, permitiendo que un grupo reducido a cientos pudiese derrocar al tirano. Podríamos repetir, respecto al 23-01-58, las palabras de Churchill sobre la defensa de Inglaterra: “en la historia de los conflictos humanos, nunca antes tantos le debieron tanto a tan pocos.”
Ahora bien, en 2004 la oposición no se había enterado que estábamos ya bajo una dictadura. Ingenuamente cayó en la trampa que Chávez había montado en la Constitución del 99, excluyendo el juicio político con el pretexto de la democracia participativa. La trampa consiste en que la oposición quebrante la garantía del voto secreto, adelantándole la lista de los que se hayan tan decididos a votar en contra suya que solicitan el revocatorio. Son los peligrosos para el tirano por resueltos y valientes. Equivale a que en 1957 los partidos le hubieran entregado a Pérez Jiménez la lista de los que militábamos en la resistencia clandestina para derrocarlo, con nombre, apellido y cédula de identidad. Por desgracia, en 2004 los partidos entregaron la lista. Delataron así por ingenuidad a dos millones de venezolanos, que fueron condenados a la muerte civil (fichados sin derecho a nada). Fue la LISTA TASCÓN.
Hacer lo mismo en 2016 ya no es ingenuidad. Es simplemente una delación. Lo más grave: espontánea. Sería delatar a 4 millones de venezolanos, actualizando así la lista suministrada en 2004 para ahorrarle a la tiranía el trabajo de elaborarla. Y tratándose de un gobierno títere de Cuba, sería una delación colaboracionista, porque dársela equivale a entregarles esas personas a Cuba para que desde allá dicten instrucciones que les hagan imposible la vida, más del martirio que estamos viviendo. Lo considero un crimen, más ahora cuando la tiranía le ha encargado a su gente el reparto de las bolsas de comida, del cual estarán excluidos los firmantes del revocatorio sin ninguna duda. No ya sería la muerte civil, sino por hambre.
Es más sencillo optar por una enmienda constitucional que establezca el juicio político, lo que llevaría a la destitución de Maduro en menos de cuatro meses. Desde luego, esto exige revocar primero el TSJ. Pero si no se atreven a hacer esto, cómo pueden pedirle a 4 millones de venezolanos que firmen para ser delatados como enemigos de la tiranía y ser condenados así a la muerte civil o por hambre.

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