¿VERDUGO PIDIENDO CLEMENCIA?

¿VERDUGO PIDIENDO CLEMENCIA?

Escribo y publico este artículo a sabiendas de que recibiré “más palo que una gata ladrona”, porque no solo haré mis ácidas críticas a un “don” (“De Origen Noble”) caraqueño, quien merece todo el respeto, consideración y la admiración del mundo, sino que se trata del nuevo héroe del generalizado pueblo venezolano.

Si hacen un esfuerzo mental, aquellos que tienen cierta edad, podrán recordar que en la llamada “Cuarta” había tantos escándalos que se decía que “escándalo mata escándalo”. Es decir: un escándalo duraba el tiempo en que se producía y reventaba el siguiente escándalo. Bien… en la Venezuela de hoy: ¡héroe mata héroe!

Con la detención (e INMEDIATA liberación) de Don Enrique Aristeguieta Gramcko, nació un nuevo héroe nacional y murió “el reinado” del recientemente-fallecido Oscar Pérez, QEPD.

De tal manera que “estoy llamando a los palos” que recibiré de propios y extraños, pues tengo lectores, amigos y seguidores que, incluso, son familiares del nuevo héroe del momento: el mencionado Don Enrique.

Jamás fui simpatizante del apostolado que comenzó Don Aristeguieta Gramcko. No lo fui por dos razones primordiales. En primer lugar, porque sigo – estrictamente – los postulados de la VERDADERA RESISTENCIA… no de eso que en Venezuela creen que es “resistencia”. Los VERDADEROS movimientos de resistencia ignoran al régimen y lo retan constantemente, de manera contumaz… aunque pareciera una contradicción. La verdadera resistencia no les pide a los regímenes tiránicos que liberen a sus presos, porque la liberación de los presos políticos, por parte de una tiranía, supone un costo demasiado elevado… costo que, a la larga, tendría que pagar el pueblo oprimido.

En segundo lugar, porque el apostolado original de Don Aristeguieta estaba dirigido a pedirle la renuncia a Nicolás Maduro y uno no le pide la renuncia a un impostor… a un villano que se apoderó de su cargo por la vía del fraude más descarado. No lo estoy diciendo hoy, en mi momento, me cansé… me requeté-cansé de advertirlo. Maduro no es empleado de los venezolanos: ¡es un usurpador de la presidencia! A los usurpadores no se les pide la renuncia: ¡se les echa a patadas por ese culo!

Pero Don Aristeguieta cumplía, bien o mal, una función patriótica y, hasta donde puedo imaginar, lo hacía de muy-buena fe, creyendo que estaba haciendo lo correcto pidiéndole al usurpador extranjero que renunciara a algo… a un cargo, al que no fue electo o contratado. Él, estoy seguro, que pensó que hacía lo correcto, como aquel quien – pensando en el enfermo de dengue hemorrágico – le sugiere que tome aspirinas.

El día 2 de febrero de 2018, si mi memoria no me falla, Don Enrique, in situ, echó a rodar un valiente y acalorado llamado a la sublevación cívica, imposible de pasar por debajo de la mesa en una tiranía castro-estalinista. En consecuencia, el día 3 fue detenido en altas horas de la madrugada. Fue detenido sin que el régimen, por supuesto, observara el debido proceso… como era de esperarse.

Don Enrique debió haber contemplado, calculado, que sería detenido irremediablemente y si no lo contempló, pecó de ingenuo y, si fuésemos al meollo del asunto: ¡de ignorante! Hay “cosas” que en una tiranía castro-estalinista no se perdonan. El video de Don Enrique Aristeguieta Gramcko era una de esas “cosas”. Cuando mi esposa me lo envió, lo hizo horrorizada, alegando que Don Enrique estaba muerto y no lo sabía… porque mi esposa, como yo: ¡conoce al enemigo!

A Don Enrique “no lo mataron, pero lo martirizaron”, como se titulaba aquel famoso chiste de Álvarez Guedes, QEPD. A las pocas horas de rodar el video en cuestión, se lo llevaron a las mazmorras del SEBIN, la infrahumana policía política de los Castro en Venezuela. ¡No era para menos!

Para mi sorpresa y la sorpresa de la inmensa mayoría de los venezolanos, Don Enrique fue liberado en tiempo record, el 4F… es decir: a las horas de su detención. Una liberación que habrá confundido a cualquier cantidad de “analistas”. Sin embargo, no fue tanta la liberación de Don Enrique lo que sorprendió a muchos. La mayor sorpresa fue generada por el discurso que lanzó Aristeguieta, al instante de ser liberado.

http://venezuelagana.org/…/historico-pronunciamiento-de-en…/

Don Enrique Aristeguieta Gramcko agradeció los buenos oficios de “ALTAS PERSONALIDADES” que – según Don Enrique – abogaron por él. Entre estas “ALTAS PERSONALIDADES” se encontraba, nada más y nada menos, que el marxista-confeso, “Julio Coco”. ¡Na guará! De un solo guamazo, Don Aristeguieta Gramcko le subió las acciones a un personaje oscuro que ni se sabe qué trae en la bola. Por cierto que me vine a enterar hoy, gracias al agradecimiento que Don Enrique le hiciera a Julio Coco, qué este último forma parte del movimiento “Soy Venezuela”, fundado por la Maricori Machado: ¡otra pájara pinta!

Don Aristeguieta, además, le agradeció a otras “ALTAS PERSONALIDADES” como Henrique Capriles (Ratonski), HENRY RAMOS ALLUP (¡bicho!), Julio Borges (¡horror!), Luis Florido (¡recontra-horror!), Delsa Solórzano (¡solavaya!)… por tan solo, según él: mencionar a algunos.

Claro, hay que recordar que Don Enrique está rondando los 90 años y su memoria tal vez cancanea un poco… y lo digo con el mayor respeto posible, pero esas “ALTAS PERSONALIDADES” que él mencionó en su mensaje de agradecimiento… al menos muchas de ellas, además de reconocer a Nicolás Maduro como el presidente LEGÍTIMO de la pobre, indefensa y olvidada Venezuela, son co-partícipe de la destrucción de ese país. Si mi libertad dependiera de esos “bichos de uñas”: ¡con gusto me quedaría preso!

Entre las “ALTAS PERSONALIDADES” a las cuales Don Enrique agradeció, se encuentra la Dra. Cecilia Sosa. Como el grueso de los venezolanos tiene memoria más corta que el piripicho del David de Michelangelo, habría que recordarle que la “revolución bonita” le tendría que agradecer a la Dra. Sosa, la masacre de la Constitución del 61, al ella reconocer – como presidente de la entonces Corte Suprema de Justicia – el fulano garabato ese del “poder originario”, factor fundamental para que Chávez pudiera – con la dirección de los hermanos Castro – darle vida a “La Bicha”, es decir: a la constitución bolivariana… con todos sus adefesios literarios, gramaticales y, sobre todo, políticos, jurídicos e ideológicos.

La “tapa del frasco” se la colocó Don Enrique cuando agradeció, incluso, a los funcionarios policiales y judiciales que lo apresaron… quienes, según él, lo trataron con respeto: “¡como debe ser!” (sic).

Esa liberación tiene y tendrá un costo muy alto, sobre todo, para la añorada liberación de Venezuela entera. Habría que evaluar bien-bien ese mensaje y, sobre todo, analizar la repercusión que el mismo tiene o tendrá en el subconsciente de millones y millones de seres humanos que sufren Y SEGUIRÁN SUFRIENDO los estragos del sistema tiránico más amoral y genocida que haya conocido la humanidad.

Muchos no se harán preguntas, es cierto… le seguirán mirando el dedo al genio cuando éste les apunte hacia la luna. Están contentos porque Don Enrique regresó, EN TIEMPO RECORD, a su hogar. Pero ¿qué hará a partir del 5 de febrero, ya “en libertad”? ¿Cuál será su discurso? Ya nos dio un “adelanto”, asegurando que: “…la verdadera respuesta consiste en lograr un gran consenso nacional, una verdadera unidad que promueva una transición de manera PACÍFICA, DEMOCRÁTICA Y CONSTITUCIONAL… que, al menos por ahora y hasta que se logre depurar y reestructurar las instituciones, no necesariamente tendrá que ser electoral”. ¿Qué tal? ¿Cómo les quedó el ojo? Habría que preguntarle a Don Enrique cómo es que él visualiza esa “reestructuración de las instituciones” de manera democrática, pacífica y constitucional. Sería interesante escucharlo al respecto.

Otra “lectura” emanada de su liberación podría ser la comparación entre la tiranía castro-estalinista que hoy destruye (y seguirá destruyendo) a Venezuela, y la dictablanda del General Marcos Pérez Jiménez, a la que también Don Enrique combatió. La Seguridad Nacional jamás lo hubiera soltado, así miles de “cocos” se hubieran manifestado. ¿Quiere decir esto que Pérez Jiménez fue peor que Maduro? Muchos se deberían estar preguntando tal cosa.

Son muchas las preguntas que genera la liberación y posterior mensaje de Don Enrique Aristeguieta Gramcko. Una de esas preguntas, que yo – incluso – me hago, es: ¿cómo pudo este personaje lograr la liberación en tiempo record, cuando hay tantos venezolanos presos por hacer mucho, muchísimo menos de lo que él hizo? La Tintori, viajando más que una “trota-munda”, no logró la liberación de Leopoldo… bueno, si es que Leopoldo está o estuvo preso. Hay muchachos pudriéndose en “La Tumba” de la Plaza Venezuela que no tienen esperanzas de ver la luz del sol por muchos, muchísimos años… y ni siquiera han tenido el apoyo de una personalidad tan “alta” como lo es, según Don Enrique, Julio Coco. ¿Entonces?

No se puede enfrentar al castro-estalinismo de hoy, de manera frontal como lo ha hecho Don Enrique, a menos que esa gesta se lleve a cabo desde un territorio seguro. Hay que evitar la detención, neutralización y muertes de los líderes opositores. Con cada detención, con cada neutralización y con cada muerte de esos líderes, se genera desesperanza y se incrementa la depresión colectiva. Las tiranías modernas deben ser combatidas con métodos modernos. Detrás de la euforia producida por la liberación de Don Enrique, vendrá la disforia producida por el sentimiento generalizado de indefensión del venezolano común y corriente.

“A lo hecho, pecho”. Aquel que escoge inmolarse, no puede pedir cacao, so pena de destruir con la izquierda lo que logró con la derecha. ¿Será, como diría nuestra abuela Carmelina – QEPD – que estamos ante un evidente caso del verdugo que pidió clemencia?

Miami 5 de febrero de 2018
Robert Alonso

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